Cualquiera que haya pasado horas frente a una mesa de billar sabe que sin reglas claras no hay partida. Podés tener el mejor taco del mundo, un paño impecable y bolas de competición, pero si cada jugador interpreta las faltas como se le antoja el juego se pudre en tres tiradas. En España el billar atraviesa una etapa rara. Hay más interés que nunca, los clubes crecen, las federaciones autonómicas organizan torneos con calendario fijo y sin embargo las reglas de juego siguen generando discusiones entre jugadores veteranos y nuevas generaciones que llegan con otra cabeza.
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