Hay jugadores que llegan a la sala sin hacer ruido y lo dicen todo con el primer tiro. Sin logos gigantes, sin ostentación. Solo un taco que pesa lo que tiene que pesar, una postura que se nota trabajada y, en la muñeca, un reloj exclusivo Patek Philippe que nadie tiene por qué comentar. Eso es el lujo silencioso, y en un juego de caballeros como el billar tiene más sentido que en casi cualquier otro deporte.
En el extremo más alto del mercado, los tacos de billar dejan de ser herramientas de juego para convertirse en objetos de colección. El caso más extremo es el Intimidator de McDermott, fabricado en edición limitada en 2013 y ostenta el título de taco más caro del mundo con un valor de 150.000 dólares.
Su construcción requirió 1.862 horas de trabajo a mano, con acero inoxidable y oro de 24 quilates. Nadie lo compra para jugar, igual que nadie se pone un Patek Philippe para mirar la hora.
Pero la locura no acaba ahí. En plataformas especializadas circulan tacos con historia: uno que Willie Mosconi regaló al beisbolista Mickey Mantle en 1960 se ofrece por 30.000 dólares.
Los cuemakers independientes como Joel Hercek alcanzan los 20.000 dólares con piezas únicas. Y para quien quiere gama alta sin llegar a los extremos, hay opciones muy serias como el Longoni Masai VP2-S3 por 4.299 euros o el Predator Le 20th por 3.090 euros: edición limitada, pensados para jugar de verdad, pero fabricados con los mismos criterios de excelencia que definen al segmento.

En el mercado de segunda mano también hay joyas. En eBay, un coleccionista de Abu Dabi ofrece un taco hecho a mano en Japón con 1.400 incrustaciones por 9.400 dólares. No es el más caro, pero sí uno de los más llamativos por su artesanía pura, el tipo de trabajo que ya casi no se ve.
De hecho, equiparse bien para el billar tiene un rango de precios muy amplio. Un taco de entrada como el Lucky L1 de McDermott sale por 115 euros, mientras que los Longoni de gama alta superan los 2.000 euros.
A eso se suman la flecha, la Longoni ICE FE69 VP2 ronda los 396 euros con descuento, el guante Molinari desde 19,96 euros y la taquera para proteger la inversión. Para un novato, todas las opciones pueden parecer similares, pero para alguien con experiencia la diferencia entre unos y otros está clara.
Si el taco dice mucho de un jugador, la muñeca que lo sostiene también. Los relojes de lujo suizos, y en particular los relojes Philippe, son una opción para vestir una pieza de alta gama que no llama demasiado la atención.
Patek Philippe es la referencia absoluta en relojería de lujo. Nueve de los diez relojes más caros vendidos en subasta en toda la historia pertenecen a esta manufactura ginebrina, fundada en 1839 y custodiada por la familia Stern desde 1932.
Es el último fabricante independiente de propiedad familiar de Ginebra, y eso se nota en el precio y en el valor que mantienen incluso en el mercado de segunda mano de plataformas como Chrono24.
Además de los relojes, objetos como los guantes Molinari son imprescindibles. La marca es pionera en billar y referencia indiscutible del mercado. Ajuste perfecto, agarre antideslizante en la palma y costuras reforzadas que no se notan, pero se sienten en cada tiro.
La estética old money ha vuelto con fuerza, y en el billar siempre ha estado presente, aunque sin ese nombre. La distinción real no se lleva en el logo, se lleva en los detalles: en la calidad de la suela del taco, en el acabado de la flecha, en cómo se mueve el jugador alrededor de la mesa.
Un taco de alta gama y un reloj de manufactura suiza comparten la misma lógica: materiales nobles, proceso artesanal, edición limitada y un valor que no se deprecia con el tiempo.
En el billar, el concepto de lujo silencioso se traduce en jugadores que eligen sus tacos con el mismo criterio con el que eligen un reloj. No por lo que comunica a los demás, sino por lo que representa en términos de proceso, materiales y durabilidad.
Un taco de alta gama y un reloj de lujo comparten más de lo que parece, dado que ambos son objetos que mejoran, o al menos mantienen, su valor con el tiempo y, a la vez, en ambos casos su fabricación es un proceso artesanal, que no puede admitir atajos. Es en esa precisión y manufactura donde se encuentra la verdadera exclusividad volcada a la mesa de un juego de caballeros.