Pocas cosas arruinan más una buena partida que ver cómo tu bola blanca toma una trayectoria imprevista tras el insoportable sonido de un pifiazo. Aunque solemos culpar a la suela o al taco, la verdadera responsable casi siempre es la misma: la tiza. En el billar moderno, elegir la tiza adecuada ya no es una simple cuestión de costumbre, sino una decisión táctica que define el agarre, la limpieza del paño y la precisión de cada efecto.
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